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·         LA SANTIDAD DEL MATRIMONIO ENTRE UN HOMBRE Y UNA MUJER (1996)

 

POR CUANTO la sociedad norteamericana ha reconocido históricamente la santidad del matrimonio entre un hombre y una mujer como la estabilidad central de nuestra nación y como su postura moral; y

POR CUANTO este enfoque moral y racional está siendo amenazado por las corrientes modernas que buscan desviar esta posición hacia la aceptación de uniones que adoptan una postura directamente opuestas a las normas trazadas en las Escrituras; y

POR CUANTO muchos líderes estatales y nacionales actualmente buscan reafirmar nuestra postura histórica por medio de decretos legislativos y declaraciones públicas sobre la santidad del matrimonio entre un hombre y una mujer; y

POR CUANTO la Iglesia de Dios desde su inicio ha entendido el modelo bíblico para el matrimonio como una unión sagrada entre un hombre y una mujer; y

POR CUANTO la Iglesia de Dios ha continuado en afirmar esta creencia básica por medio del principio práctico con respecto a la pureza moral la cual condena la homosexualidad como una conducta carnal y una práctica pecaminosa; y

POR CUANTO la Iglesia de Dios también ha afirmado la santidad del matrimonio entre un hombre y una mujer a través de un principio práctico dirigido a la responsabilidad de la familia declarando que, “El matrimonio es ordenado por Dios y es un acto de unión espiritual en el que un hombre y una mujer son unidos por Dios para vivir como una sola carne”; y

POR CUANTO es apremiante que la Iglesia de Dios entre en la arena del debate público concerniente al constante aumento amenazador de la santidad del matrimonio entre un hombre y una mujer;

RESUÉLVASE, POR LO TANTO que nosotros, la 66ª Asamblea General de la Iglesia de Dios, reafirmamos nuestro compromiso con la Palabra de Dios y Su defensa constantemente presente del matrimonio como una unión sagrada entre un hombre y una mujer; y

RESUÉLVASE, ADEMÁS que por medio de la presente declaramos nuestra oposición a la nueva moda que aprueba el legitimar las uniones homosexuales;

RESUÉLVASE, FINALMENTE que exhortamos a nuestros miembros a ayudar en la preservación del matrimonio como la unión sagrada entre un hombre y una mujer viviendo un modelo de compromiso con la Palabra de Dios, ejemplificando la devoción a la pureza moral, y a celebrar la responsabilidad familiar (A66, 1996, págs. 64-65).

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